Los diez primeros puntos

(INTRO) Dicen que para cambiar un hábito se necesitan 21 días. Hay otros que elevan esa cifra a los cuatro meses. A los 21 días no notamos ningún cambio en nuestras vidas, dietas, cuerpos ni en nuestro día a día. Cuando llegó el 16 de octubre, un mes de viaje, tampoco nada era diferente. Y, sin embargo, algo había cambiado, como esos cambios insignificantes que se producen desde dentro, desde los procesos internos del cuerpo: el cuerpo se acostumbra al ejercicio diario, quema más grasa, absorbe los nutrientes más rápido, mostrando los resultados en los abdominales de tableta o piernas lisas y musculosas. Aún no hemos llegado a esto último pero sí nos sentíamos diferentes y en nuestras cabezas se iban perfilando conceptos que nos habían acompañado en este mes de viaje y se habían materializado en verdades absolutas de nuestro día a día como ciclistas y trotamundos.

 

Y aquí están divididas en tres partes:

  1. Estás en la primera parte, haz scroll para ver los 10 puntos (del 1 al 10)
  2. Ir a la segunda parte (del 11 al 20)
  3. Ir a la tercera parte (del 21 al 31)

Día 1. Calor

Para pedalear el calor es mortal, las horas de la tarde se vuelven inútiles, la piel se quema, el cuerpo suda y pierde la energía, falta agua, escasa hidratación que deriva en inevitables golpes de calor. Hemos sentido en nuestras pieles el calor extremo, ahora esperamos sentir el frío y decidir qué es lo que odiamos más.

Día 2. Estiramientos

Lo primero que hace Chloé al despertar es estirarse, algo que quizás nosotros también deberíamos hacer porque tantas horas sentados en la bici y las malas posturas se notan en los dolores de espalda posteriores, pero no es tan fácil introducir la sesión del saludo al sol antes de empezar la jornada, por desgracia.

Día 3. Relatividad

Cuántos más problemas tenemos para avanzar, más feliz es Chloé porque le da tiempo a explorar, encontrar palos, piñas, jugar con el frisbee o la pelota, encontrar a algún amigo o a unos niños con los que jugar.

Día 4. Ying-yang

Cuanto peor es el día y más problemas se nos presentan, mejor acaba. Todo pasa por algo.

Día 5. Pueblos

La gente de los pueblos no es más amable por ser de pueblo. Lo extraño asusta y rechaza, al menos al comienzo. Hay que entrar por el corazón y no por los ojos. Las pocas personas que nos abrieron sus puertas fueron personas que nos conocían no más de cinco minutos.

Día 6. Sombras

Días muy duros mentalmente y no tanto físicamente, las sombras de la mente son peores que las nubes de tormenta del cielo.

Día 7. Inconformismo

Chloé llora y se queja en el carro, quiere correr, cuando otros perros estarían muy felices, con la lengua fuera y tomando el fresquito. Nos recuerda a nosotros, que teniendo una vida estable y cómoda, nos lanzamos a la aventura, la incomodidad, el no saber qué nos depara el mañana o incluso esta noche.

Día 8. Ciudades vs. pueblos

La gente de los pueblos no entiende cómo nuestra ruta hacia Ucrania puede pasar por sus “insignificantes” y casi extinguidos pueblos. Un camino con un destino determinado en bicicleta no tiene que pasar por las capitales y ciudades importantes, que por norma general están rodeadas de circunvalaciones y accesos incómodos para todos menos para los conductores, así que como ciclistas buscamos los pueblos más pequeños por su comodidad y también por la seguridad que ofrecen sin saberlo.

Día 9. Bares

Pueblos cuasi extinguidos o repoblados sin bares o con pseudobares en el ayuntamiento para personas mayores que nos han cobijado en nuestra ruta por el interior caluroso y desértico de España. Otro de los mayores placeres en los días de calor es una caña al final del día antes de una ducha caliente.

Día 10. Personas mayores

La mayor felicidad para nosotros es ver a los ancianos felices: ya sea tomándose unas cañas, jugando al dominó o a la petanca o rememorando sus aventuras del pasado con la bicicleta o sus viajes en pareja, esos ancianos enamorados de sus parejas y de sus ciudades natales a las que vuelven cada vez que pueden, que nos apoyan en nuestra aventura y que conservan la memoria y el sentido común porque no tienen nada que lamentar de sus días pasados. Esa es la felicidad absoluta para nosotros.

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