El cuento “Mumú” de Iván Turguénev (escritor ruso) fue escrito en 1852, antes de la Revolución rusa de 1917, cuando el pueblo aún estaba gobernado por los zares y el feudalismo seguía siendo el pan de cada día de la sociedad rusa. Una forma de esclavitud más sutil y occidental gobernaba en el imperio zarista, los obreros eran simples esclavos, sin voz ni voto, entregados a los caprichos de unos nobles ricos sin escrúpulos ni empatía y con un ego todopoderoso que desconocía los límites de lo racional, procedente de las clases pudientes y de los poderes heredados.

El protagonista del libro es Guerasim, un hombre grande y fuerte, trabajador y responsable, casi perfecto si no fuese por un enorme “defecto” con el que nació: es sordomudo. En la sociedad de aquellos días se trataba de una ofensa de dios, en aquella sociedad descendiente de las creencias paganas que se convirtió al cristianismo demasiado tarde. Las supersticiones formaban y siguen formando parte de la vida diaria.

Guerasim nació en un pueblo y fue llevado a la rica Moscú a servir en casa de una vieja viuda noble, cuya vida se basaba en quejarse, darse caprichos humillando al servicio, haciéndose la víctima y derrochando el poco dinero que le quedaba. Hacía lo que quería porque no había nadie que osase a llevarle la contraria, sus criados asentían ante las locas órdenes de la viuda y se morían por complacerla, siempre en silencio, aunque la vida no les haya privado del habla como a Guerasim. El hombre no se llevaba ni bien ni mal con el resto del servicio, ellos se compadecían de él, mientras que él se dedicaba a trabajar, hasta que se enamoró de la joven y marcada por el destino de la infelicidad, Tatiana, que asustada rehuía a Guerasim cada vez que él se disponía a cruzársela en el patio del caserón. Hasta que a la rica viuda se le ocurrió casar a Tatiana con su zapatero, un hombre deprimido y poco alegre. Guerasim no mostró ni impotencia ni frustración. Asumió que jamás podría estar con Tatiana porque no era capaz de amarle, ni siquiera era capaz de no tenerle miedo.

Mumú

A los dos años Guerasim fue a coger agua del río y por casualidad se encontró a una cachorra recién nacida que se estaba ahogando, la salvó, se la llevó a su casa y la cuidó y la mimó como si de una hija se tratase. Decidió llamar a la perrita Mumú porque era la única palabra que conseguía emitir. La perrita creció y se convirtió en una preciosa perra de inteligencia aguda y una infinita fidelidad hacia su salvador. Mumú era la única alegría de aquel lugar marcado por la sumisión y la ciega obediencia a lo absurdo, ella daba cariño incondicional a todos los miembros del servicio y un amor sin precedentes a Guerasim. Hasta que un día la vieja viuda percibió la existencia de la perrita y se encaprichó de ella. Mumú, no acostumbrada a esas muestras efusivas y ansiosas de cariño falso y caprichoso de la vieja, evitó acabar en sus manos y le sacó los dientes. Lo cual provocó que la vieja cogiese manía a la perrita y ordenase que se deshicieran de ella. Uno de los lacayos la vendió en el mercado a escondidas de Guerasim pero a los días la perrita logró escaparse y volver junto a su salvador. Desde entonces Guerasim trató de esconderla hasta que una noche la perrita se delató ladrando a un borracho, lo que derivó en un estallido de rabia y nervios de la vieja viuda, que exigió una solución real al problema. A lo que el jefe del servicio decidió acabar con la vida de la pobre Mumú.

Guerasim comprendió que no tenía nada que hacer en aquella casa. Se llevó a Mumú y la ahogó en un río. Después de lo cual se rebeló contra su ama, la vieja viuda, y abandonó el servicio para regresar a su pueblo natal, donde siguió trabajando para siempre.

El libro muestra una sociedad estúpida, sumisa y obediente sin rechistar, que vive en el silencio ante los poderosos y en constante jactancia con los más débiles. La cobardía incrustada en las entrañas de las personas en la sociedad de entonces, pero vigente hasta el día de hoy, cuando el fuerte se ríe del débil y el débil traga sin rechistar y emprende acciones de poco sentido moral para evitar los enfrentamientos con la autoridad. Mumú es una víctima inocente de un sistema enfermizo, el único ser capaz de dar amor limpio e incondicional, sin importarle si su salvador puede hablar o no, porque ve con el corazón y no desde el enfermo ego de los humanos. Porque la valentía que le proporciona esa inocencia le hace ser la única que se enfrenta a la vieja y le hace cara, costándole su vida. Un sacrificio, el de Mumú, es el precio que paga Guerasim por su libertad. La rebelde y agria libertad de los inocentes.

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