Cuando salimos de Náquera dirección Serra para llegar adonde fuera tras subir un puerto de montaña de siete kilómetros a las 12 del mediodía, no nos preocupaba lo más mínimo dónde pasar la noche. En esos siete kilómetros hicimos tres paradas para descansar, pues las montañas nos enseñan a descansar porque los descansos dan fuerza para seguir. En una de las paradas con un manantial incluido y niños deseosos de jugar con Chloé, conocimos a varias personas. Uno de ellos nos recomendó el área de la cascada del Brazal del Salto de la Novia, donde se podía bañar en unas pozas y pernoctar (cuestión contradictoria y poco clara). Otro hombre nos habló de la casa del ciclista Rodamons en Jérica.

Ese día no pudimos llegar a Jérica debido al calor, muchas paradas y un pinchazo al final de la tarde. Paramos a cenar en Altura y seguimos el camino por la Vía Verde de Ojos Negros donde pernoctamos pasado el pueblo Navajas.

Al día siguiente tuvimos otro problema con la bici y paramos en Jérica en la casa del ciclista Rodamons, donde no solo nos acogieron con mucha simpatía y cariño, sino también nos ayudaron a reparar la bicicleta.

Rodamons es uno de los muchos proyectos de AMA (Asociación por el Medio Ambiente y Contra el Cambio Climático), cuyo objetivo es crear una red de alojamientos sostenibles y autogestionados para promover el turismo ecológico y sostenible, respetando en todo momento la naturaleza, dejando una mínima huella de carbono e interactuando con otras personas que persiguen objetivos similares. De momento, solo disponen de una sede en Jérica, una casa completamente acondicionada para las necesidades de un viajero. Se trata de un albergue al estilo de los alojamientos disponibles para los peregrinos del Camino de Santiago, cuyo precio es la voluntad o una colaboración en el proyecto.

El lugar está en el centro de Jérica, un precioso pueblo donde el material principal es la piedra y cuyo entorno es un gran pulmón del mundo, lleno vegetación y rodeado de aguas puras de montaña.

La casa dispone de cinco habitaciones, lo que supone unas 20 plazas para pernoctar, dos cuartos de baño, un patio interior, taller con herramientas y aparcamiento para bicicletas, un comedor cocina con estufa de leña que en invierno abastece toda la casa y dos salas multiusos.

Las mascotas son bienvenidas, salvo que haya personas alérgicas, etc., pues la convivencia se basa en el respeto y empatía, así que tanto Chloé como nosotros disfrutamos de nuestra estancia aquí ya que nos ofrecieron un hogar donde pusimos cocinar (muy importante para nosotros) y descansar a gusto.

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