Falta tan solo una semana para nuestro gran viaje sin fecha de regreso. Tan solo una semana para acabar con los preparativos, para hacer frente a los imprevistos de última hora, para zanjar todos aquellos asuntos que en algún momento se aplazaron por aquello de “ya lo haré”. Ningún momento es el adecuado para empezar, porque cualquier momento es el propicio. Vivir el presente. Armar la bicicleta y comenzar a pedalear, el resto se andará. El mejor momento es ahora.

Parece sencillo, un viaje completamente diferente en el que todo el pasado, el presente y el futuro caben en unas pocas alforjas. Aprender a vivir con lo justo y necesario es lo que necesitamos. La emoción de las inminentes novedades da paso al miedo por si las cosas no salen como esperábamos. Pero, en realidad, no esperábamos nada, solo salir y empezar a pedalear. Chloé a nuestro lado, Chloé siempre con nosotros, Chloé como el pegamento de esta aventura, su única y principal protagonista. Ella es la única entre nosotros que sabe vivir el momento: dormir cuando no hay nada que hacer, jugar cuando se aburre, comer cuando tiene hambre y beber cuando tiene sed. Ella es la única de nosotros que sabe apreciar y disfrutar del momento, porque no existe para ella el pasado o el futuro, solo el presente. Y el mejor momento es junto a nosotros y si está el frisbee presente, mejor. Chloé es nuestra maestra y será la que nos guiará en el camino, porque no hay mejor guía que aquel que se deje llevar por sus instintos, intuición, inocencia e inteligencia.

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